miércoles, 6 de julio de 2011

El callejón del diablo

En este callejón es donde mueren la razón y la esperanza, el temple y la coherencia.  Todo vestigio de congruencia pierde aquí su oportunidad y los extraños eventos se encargan de debilitar la fortaleza de cualquier creyente.
Contrario a otros lugares que divagan y recrean a los paseantes citadinos, este paso se evade, así como la sensatez evita, casi siempre, darle vida al temor cuando ya lo tiene enfrente.  Hay quienes aseguran que ni el viento se atreve a cruzarlo, y cuando no puede evitarlo, pasa dando tumbos en las paredes, restregándose en las puertas y crispando los vidrios de las ventanas; después, un quejumbroso lamento, que eriza la piel del más valiente, vuela ululando sobre la arquitectura del silencio.  Otros aseguran haber visto al cadejo, a la llorona y a fantasmas burlones rondar entre la media noche y las tres de la mañana.
Aquí se tejieron a brazo partido de albañiles despreocupados, contratistas de dudosa moral y políticos sinvergüenzas y oportunistas, como ya quedan pocos –en este callejón-, las más oscuras historias de horror y de muerte.
Montalvo, aquel presidente liberal y entreguista, tenía un palacete en el callejón, que según vecinos de la época, fue sepultura para Domínguez, su cuñado y ministro de Hacienda, involucrado en el escándalo de las nacientes aduanas.  También torturaron y mataron allí a Grijalva, un opositor que denunció el asesinato de un rico comerciante, y a Restrepo, colombiano señalado en un complot contra el Presidente y de quien no se supo nunca más nada.  Aquí se dio muerte a Rosenda, fusilada en tiempos de Rivera, acusada por su marido de brujería y prácticas satánicas, que no fue más que un desconsolado ardid para quedarse con sus fincas en la costa atlántica.  También se ahorcó en uno de los almendros del lugar, el padre Osías, atormentado por secretas y anónimas acusaciones que lo señalaban de violador de niños.
Las abuelas lo tenían como el Callejón del Diablo.  Vaguedad que con el tiempo, como las leyendas, fue asentándose en la mente de las gentes hasta convertirse a ciencia cierta en la guarida siniestra del amo y señor de las tinieblas.
Cuentan que una noche, imprecisa y perdida en los registros del tiempo, un joven recién llegado de Europa, adonde su familia le había enviado a estudiar esa nueva disciplina que aliviaba a los pacientes o precipitaba su muerte: Médico de Dientes; por sorprender a los suyos que lo esperaban al día siguiente, decidió al bajar del vapor, no ir a casa sino hospedarse en el Mesón Aurora, que en aquella época, era el hospedaje de gente de buenos pañales que visitaba la capital o iba de paso hacia otros lares.
José Carlos, que así se llamaba nuestro protagonista, aún conociendo las historias de espantos y aparecidos que del lugar se contaban, decidió salir antes de que la iglesia campaneara la media noche, a dar, lo que para él, acostumbrado a otras latitudes, sólo era un paseo nocturno.  Se esbozó en su capa de raso francés, se acicaló el sombrero de copa y salió a enfrentarse al silencio y oscuridad de la noche que reinaba en el callejón de la muerte.
Inicialmente se sintió a gusto de, al fin, recorrer en silencio aquellas calles que de niño le habían visto hacer mil travesuras a la gente.
−Lo peor que le puede ocurrir a alguien que ha vivido afuera tantos años, es regresar a su país y no encontrar un alma en las calles que le diga a uno: Bienvenido muchacho del diablo.
Lo pensó y se echó a reír callejón abajo. Le dio risa el provincialismo de esa gente que se recogía en sus casas tan temprano.
−No es por eso, José Carlos, es que aquí asustan.
No estaba seguro si lo anterior lo había escuchado afuera de su cabeza o habría sido una extensión de sus pensamientos; o quizá, lo más seguro, es que el pensamiento lo repitiera en voz baja creyendo después haberlo escuchado del exterior. Como sea, siguió sus pasos y los detuvo al pie de un almendro.  Su olor llenó de emoción al corazón y recordó los establos de Inglaterra.  Olor a campo abierto y a bestias.  Las hormigas negras y de gruesas tenazas recorrían el tronco de la planta hasta sus ramas y  volvían a esconderse bajo la tierra.
−No te pares bajo el almendro porque allí se cagan los borrachitos...
En el silencio sepulcral de la noche comenzaban a confundirse su conciencia y su lógica.  ¿Lo pensó o alguien lo había dicho?  No estaba seguro.  Frunció el ceño y siguió caminando.  Pasó de largo por el gran portón de la casa Montalvo y aguijoneado por la curiosidad, regresó a plantarse frente a ella.  Recordó cómo con sus primos se escapaban de noche, cuando la vigilancia de sus padres competía con los ronquidos y llegaban con la aventura clavada en los hombros a apedrear aquel portón de madera, ya viejo y siniestro.
−¿Conque tú eras, muchacho del diablo, quien inquietaba nuestro sueño?
¿Lo pensó o lo dijo?  Nuevamente la inseguridad de su pensar o hablar le inquietó y comenzó a producirle escalofríos. Sintió repentinamente un fétido olor que provenía desde el fondo de la tierra.  Miró hacia abajo, aspiró y el hedor provenía justo del lugar donde estaba parado.  Se apartó del lugar y caminó nervioso. El hedor a muerto lo perseguía. Se impregnaba en sus ropas y llenaba asquerosamente toda la atmósfera. Ese penetrante olor que despiden los cadáveres y putren el olfato y voluntad de los vivos.
Decidió no perder la calma. Aminoró el paso, respiró profundamente y se repitió lentamente y varias veces que:  Un hombre egresado de aulas universitarias, que ha cruzado un par de veces el atlántico y que tenía una enciclopedia en la cabeza, no iba a dar crédito a esas historias inventadas por algún farsante decrépito.
−¡Aquí murió el padre Osías!
Esto, seguramente él debió haberlo dicho porque coincidía con el almendro del ahorcado y no habiendo nadie más en el puto lugar, sólo yo tuve que haberlo dichoPorque además...  abrió la boca y movió los labios para asegurarse de que él era quien estaba hablando: ¡Los espíritus y aparecidos son invento de la ignorancia y del retraso!  Así que ¡vayan a joder a otro lado!
¡Lo había dicho!  Se sintió livianamente tranquilo y torpemente lleno de valor por haberse atrevido a hablarle a los muertos que no existían. Sólo él caminaba por el lugar y no había nadie más a quien acreditarle todo lo que en ese callejón se había hablado.
−Aaaaaay.  ¡El padre Osías viene a cogerte...  de la capa!
Antes de reflexionar si lo anterior lo había pensado, dicho o escuchado, zampó una carrera envidiable y en un abrir y cerrar de ojos, estaba en su cuarto del mesón, sudoroso y aflatado, sentado sobre su cama.
Después de unos minutos, al fin se calmó. De esto a nadie una palabra, porque, qué vergüenza: Regresar hecho todo un médico, graduado con honores y buenas recomendaciones, y comentar ahora que lo habían asustado unos ignorantes muertos.  Imaginaba la risa de sus padres que a su vez lo imaginarían corriendo despavorido.  Se avergonzó de la escena.
A pesar de serenarse y dar por concluida la experiencia, ya acostado y arropado en su cama, siguió percibiendo aquel fétido hedor, aquella nauseabunda hediondez que emana de los cadáveres cuando la necropsia apenas comienza. Estiró nerviosamente las sábanas hasta su cabeza y trató de dormir.
Al pie de la cama, sus botines también descansaban de la chocante carrera, las lengüetas besaban el piso y bajo las suelas, una gruesa capa de excremento, seguramente de algún borrachito, seguía atufando la estancia del médico de dientes.



42 comentarios:

  1. Atrapante… logras el suspendo verso tras verso. Y uno se imagina en dicho callejón donde cada quien da rienda suelta a sus miedos.
    Un beso……..

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  2. Lo que hace la sugestión. Muy buena historia esta del callejon.

    Saludos desde el aire

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  3. Siempre nos atrapas con tus buenos relatos.

    Mis felicitaciones.

    Besos

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  4. clap, clap, clap... fenómeno. Eso eres atrapando al lector, recorriendo el callejón del diablo con el miedo pisando no solo los talones de José Carlos, sino también los nuestros, hasta he visto al padre Osia con una cuerda al cuello, levantándo su mano agarrada a una esquina de la capa de José Carlos.
    Genial tu giro en el cuento, cuando ya pensaba que el diablo/muerte alcanzaría al protagonista, nos le metes en la cama para que se de cuenta de que había pisado una ñorda de algún borracho...

    Y es que el miedo es mal compañero!

    Te dejo un abrazo.

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  5. Historia encajada al extraño, al reverso,
    a ese prólogo de lugares que existen conmigo.
    "¡Los espíritus y aparecidos son invento de la ignorancia y del retraso! Así que ¡vayan a joder a otro lado!" Sabes? me ENCANTÓ esa frase.
    Un abrazo

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  6. La verdad es que para ser un callejón allí había más gente que en plenas rebajas!!!! el miedo hace a la gente ver cosas que realmente no existen. Pobrecillo José Carlos, no paraba de percibir ese olor...resulta que había pisado una mierda, pero yo creo que "se había cagado de miedo" así de sencillo y literal al mismo tiempo, por eso seguía percibiendo el olor...pero si hasta yo lo he olído de real que me ha parecido todo. Muy bueno!!!

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  7. La mente es el peor enemigo del hombre. Te manipula, te identificas con ella, y te hace ver cosas donde no has hay. Lo mejor es mantenerse en el momento presente y no dejar a nuestra sesera que nos lleve al pasado o al futuro creándonos una serie de angustias innecesarias.

    Para mí, que el mojón que pisó, se le "escurrió" a él mismo.

    Un beso y un oléeeee Julio. Hasta el último momento en un suspense continuo.

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  8. La sugestión hace milagros!!!!Puedes llegar a estar rodeado de muertos,como tu protagonista del relato y...creertelo!!!En galicia, eran muy dados a hablar de la Santa Compaña. Yo recuerdo con terror, cuándo "los mayores" hablaban de ella y realmente parecía que venían los muertos a buscarte. La Santa Compaña,es una procesión de muertos o ánimas en pena que por la noche (a partir de las doce) recorren errantes los caminos de una parroquia. Su misión es visitar todas aquellas casas en las que en breve habrá una defunción.Pobre Jose Carlos!!!El miedo es libre!!!Genial relato,intriga hasta el final.Me despido al grito de Torero, torero!!!!!!! Midala

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  9. Me atrapaste. Fenomenal! Me ha encantado.

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  10. Me he reído mucho con el final, pobre Josecico, tanto susto por un pastel en su bota y la sugestión del lugar. Lo que puede hacer el aroma penetrante y fétido de un mal paso con nuestra imaginación!!!
    Eres un artista total, Julio.
    Un abrazo.

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  11. Benísima historia, me sentí como viendo una película de terror, aunque al final comprobamos que el miedo que este chico sintió fué solo producto de su imaginación debido al ambiente que lo rodeaba, pues aparte de lo que se decía de ese lugar, era de noche y no había ni un alma en la calle..

    Un gusto leerte
    Besos.

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  12. Me gustan las historias de miedo,y allí estaba yo en el callejón para comprobar que todo era mentira...pero poco a poco empecé a dudar entre lo que oía y decía,¿por que creemos que en la cama no vamos a ser vulnerables?, la sábana no es una coraza es más bien flojica.
    El miedo no entiende de personas listas(por pasar muchos años estudiando),o menos listas.
    Es muy bueno.

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  13. Siempre interesantìsimos, entretenidos y con finales estupendos...eres un GIGANTE de los cuentos...

    mis abrazos

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  14. ¡Magnífico relato! Casi "empotrada" en el monitor -para no perder detalle- me envolviste en tu capa de raso francés para luego sorprenderme -una vez más- con un final inesperado. Ni el más "letrado" con todos sus títulos, honores y brillante graduación escapa al "bacilo del miedo". Hasta al doctorcillo de Dientes le habrán castañeteado los premolares... Felicitaciones, Sr. Escritor !!! Un beso grande.

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  15. Jajajajaja! Me has interesado con el sugerente título, me has enredado en la historia oscura, me has enganchado con tus siniestras descripciones, me has atrapado con la atmósfera inquietante... y me has hecho dar un doble salto mortal al final! Te felicito por lo que has conseguido que haga... porque soy malísima para las acrobacias.

    Excelentísimo relato! Un abrazo.

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  16. Me gustó mucho tu historia, es excelente. Me
    vino a la mente "Pedro Páramo" de Juan Rulfo.
    Tu manejo del personaje es magnífico. Me gusta el final mucho, besos

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  17. Cada día me sorprendes más, me enganchas desde el principio al fin de cada historia. Hoy has hecho un magnífico relato de lo que puede hacer la sugestión, dando una de cal y otra de arena entre la sensatez y la superstición.

    Magnífico una vez más.

    Besos

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  18. Me atrapas con tus letras, cada día sabes envolver al lector. Te felicito amigo.
    Un abrazo.

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  19. Huy ese callejón da miedo, no se si podría pisar por ahí seguro que no, pero por un momento me has metido de un empujón allí sintiéndolo todo, vas a tener que sacarme de allí ya jeje.

    Eres un maestro.

    Besitos y sonrisas para quitar el miedo :))

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  20. Muchas gracias por darnos ese relato tan entretenido que nos hace seguir hasta el final sin cansarnos.
    Gracias por sus palabras, vamos poco a poco acomodándonos, al todo con paz.
    le dejo mi ternura
    sor.Cecilia

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  21. Un magnífico relato repleto de suspense y con un final muy interesante.
    Un saludo!

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  22. ¿Sabes qué?
    Por un momento pensé que ese tufo que lo acompañó hasta la cama era de él mismo!
    Uffff,me has mantenido en vilo todo el rato.
    Genial.
    Un beso.

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  23. Vaya titulo!!!y con perdón de sor Cecilia, me gusto el titulo , no por el Diablo, sino el misterio que se desvelaría y como siempre me enganchas aquí en tu callejón particular.. Un beso

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  24. Un relato estremecedor.
    De ponerse los pelos de punta.
    Muy bueno.

    Saludos.

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  25. Me dió miedo... tan metida estaba en la historia..
    Tus relatos por mas largos que los hagas... mas me enganchan....
    uff... me quedé sin palabras...

    Pero algo si puedo decirte maestro.. ahi va un beso...!!

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  26. Oriana Lady Strange: El temor es una herramienta de supervivencia cuando proviene éste de la realidad, pero cuando la mente lo inventa, no hay salvación posible. Un abrazo.

    Rosa: Si en lugar del negativismo nos dejáramos seducir y sugestionar por el positivismo ¡cuánto cambiaría nuestra vida y las sociedades! Un abrazo desde el aire.

    Jessenia: Dice José Carlos que eres muy gentil por disfrutar su experiencia en ese callejón, y que al día siguiente había olvidado todo. Sinceramente, yo no le creo ¿y tú? Un abrazo.

    Omar(masletrasarte): Misión cumplida, entonces, querido poeta. Lo celebro. Un abrazo.

    Mascab: Gracias por los aplausos para nuestro médico de dientes y sus demás personajes, los que a mí tocan, los recibo de pie humildemente. (Estamos con Gala, Mascab, estamos con él; y como bien dices, que la vida le dé fortaleza y poco sufrimiento).
    Un abrazo.

    J.Maseda: También a mí me gustó la frase, poeta, y al escribirlo he movido los labios para asegurarme que soy quien la ha dicho y no alguien de afuera, porque estoy solo en este P... lugar. Un abrazo.

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  27. Los relatos ´sápidos están de chuparse los dedos.
    Los odorados, para aspirar néctares.
    Los tuyos, una vez más, Julio, como este 'del muerto', para partirse de risa.
    Muy bueno.
    ¿Sabes que quedas como relator tan bien o mejor que como poeta?

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  28. METAMORFOSIS: Tu comentario es de antología, me has hecho reír hasta el cansancio, gracias por todo. Un abrazo.

    ion-laos: ¡Oléee! Querida Ion-laos por tu comentario, por tu disfrute y tu sabia reflexión de estar siempre en el presente ¡aquí y ahora! Un abrazo.

    midala: Interesante tu información, que, dada la transculturización encuentras la Santa Compaña, esta procesión de almas, con otros nombres pero con los mismos objetos tradicionalistas; por ejemplo en Guatemala (Antigua Guatemala, Sacatepéquez) se la conoce como "Los Nazarenos". Y venga mi: ¡Torero, torero!!!!!!! Gracias querida autora de relatos cortos. Un abrazo.

    Julie: Gracias fina poeta, mil gracias por estar aquí y tu tiempo. En alguna parte encontré unas lindas poesías para niños que me encantaron ¿de quién era? Por supuesto que tuyas. Felicitaciones.

    merche marín: Los ruidos, los olores o hedores, las sombras y la misma imaginación provocan fantasmas, monstruos y diabólicos espíritus. Un abrazo, poeta.

    Diazul: Sí, querida, todo producto de su imaginació ¿o no? El caso es que cuando terminé de trasladarlo a la escritura fui de a poquito encendiendo todas las luces en mi casa. Un abrazo.

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  29. Josejosesita: La cama es, atávicamente, un refugio, pero como tú dices frágil y vulnerable. En fin. Agradezco tu tiempo, tu lectura y tu solidaridad. Un abrazo.

    ADELFA MARTIN: Gracias, Adelfa, mil gracias por tu "gigante", pero sigo así, normalito, escribiendo para ustedes con el mayor de los gustos. Un abrazo, éste sí ¡gigante!

    Diana Profilio: Me has hecho reír con tu ingenioso comentario. Y por supuesto, el bacilo del miedo, como bien lo llamas, no tiene preferencias. Un abrazo, poeta.

    Mercedes: En Hablapalabra, todos, alguna vez hacemos algo inusual, como el que tú te veas hoy acróbata; lo que sí es tradición es la solidaridad, el disfrute y la hermandad. Un abrazo.

    Mixha Zizek: Gracias por el halago. Juan Rulfo es uno de los grandes, junto a Cortázar, Cabrera Infante, Carpentier y otros, hablando de nuestra época por supuesto. Un abrazo.

    María: Que el relato haya cumplido su cometido -recrearles- es ya mucho para este autor. Mil gracias por tu comentario.

    Magda: Agradecido por tu comentario, y también, por tus publicaciones, en las que siempre dejas en claro un mensaje para que tus lectores seamos mejores seres humanos. Un abrazo.

    Simplementeyo: La generosidad del lector, en este caso, tú, permite al autor saber que realmente "estuvo allí" en ese siniestro callejón que, pensándolo bien, era más fama que realidad. Un abrazo.

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  30. Monja de Clausura Orden de Predicadores: Gracias por su ternura, porque todo va bien en su Calatayud y nuevas hermanas, y por dejar su gotita de solidaridad en Hablapalabra. Un abrazo.

    Navarro: Gracias, escritor amigo, por estar en Hablapalaba y compartir estas invenciones de nuestros personajes. Un abrazo.

    Sudeste: Gracias, bienvenida, te esperamos. Abrazos.

    Marinel: Gracias, querida. Espero le hayas dado mi enhorabuena a tu sedosa nube. Un abrazo.

    Ar@bia: Gracias, Ar@bia, o mejor diré, ¡regalona de premios! Me encanta que homenajees a tantos blogs que, serán más visitados ahora. Un abrazo.

    TORO SALVAJE: Gracias, amigo mío, que la vida te sonría.

    Gala(tea): Da la impresión de que son más largos, pero como el autor está un poco cegueta, he tenido que aumentar el tamaño de la letra. Un abrazo, escritora amiga.

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  31. PiliMªPILAR: Gracias por pasar y leernos, poeta, y ciertmente para este autor, resulta difícil decidirse por cuál de los géneros le llena de más satisfacciones; entiendo que el mismo está relacionado con la idea que nos asalte, las circunstancias y estados de ánimo. Un abrazo.

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  32. Me he sentido atrapada en el callejón, con miedo y hasta he olido ese peculiar aroma. Y no veas lo aliviada que me sentí cuando me metí en la cama…
    Consigues transportarme dentro de tus historias, me encanta dejarme llevar. Es un placer leerte, Un bessito

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  33. Nos has hecho moradores aterrados de tu callejón, la descripción es hasta filosofal, pues haces tiritar nuestra certeza y razón sobre la existencia de rincones y lugares inhóspitos, con halo hechizado. Consigues soterrarnos hasta en la rigidez de la arquitectura que se impregna de emociones enigmáticas. Esta parte del relato es un deleite absoluto, Julio.
    Despues has ligado los hechos históricos a esa nebulosa aterradora para tridimensionar el texto, la veracidad (pues son tan magistrales que aparecen como ciertos) de unos acontecimientos y el hilo conductor de la fantasía se fosiliza ahora para alejarnos más de la ficción y que el terror adquiera matices más humanos.
    Estos dos estadios del relato son sublimes.
    Con el protagonista, Jose Carlos, comienza la oscilación y el movimiento, sus disquisiciones, y esa irrupción de la conciencia, de su conciencia, me parace que está impecablemente plasmada, con la voz que salta fantasmagóricamente para acechar a la intranquilidad, más si cabe, del lector.
    El final sorprendente pero coherente, compromete la ficción de la historia y la desarticula con ingenio.
    Te felicito, amigo mío, tu pluma es exquisita, es un cincel.

    Un abrazo.

    Gabriela Amorós - La emoción indomable

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  34. Quando o pânico invade a mente, a razão passa a emoção.

    Devo confessar que não gosto muito de histórias de terror, mas acho magnifica a forma como as tuas histórias se desenrolam.

    Um grande abraço, poeta!
    oa.s

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  35. MEN: Enhorabuena, entonces, a José Carlos que logró ser creíble, y que lo acompañaras por ese ¿siniestro? callejón del diablo. Un abrazo grande.

    Gabriela Amorós -la emoción indomable-: Más que un comentario, asistimos hoy a una cátedra de disección escritural, y nos muestras cómo la materia pre-verbal construye y deconstruye a placer una fábula que los lectores "alzaron" en su mente, cada quien con su enciclopedia y emociones. Gracias mil, poeta. Un abrazo.

    OceanoAzul.Sonhos: Gracias, poeta amiga, por estar aquí, tu lectura y tus comentarios, ciertamente son muy valiosos. Te seguimos en tu infinito océano poblado de brisa salada, gaviotas, arrecifes, olas y estrellas. Un abrazo.

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  36. Esos callejones abundan, el callejón del diablo.
    Enganchas con tus letras y me tienen perpleja hasta el final, y como siempre éste es genial.
    Buenísimo ese callejón Julio...

    Un beso

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  37. Princesa115: Genial es tenerte aquí, poeta amiga, leyéndonos y dejando tus apreciaciones. Un gran abrazo.

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  38. Me quedé enganchada desde el principio. No sé qué me mantuvo más atrapada si los hechos narrados o la forma de contarlos. Me gusta mucho como escribes.

    También quería agradecerte haber hecho un comentario a mi relato en “VAN AL AIRE”.

    Un saludo
    Ana

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  39. Para alguien que gusta tanto de los relatos, como es mi caso, este blog es un verdadero hallazgo. Gracias por compartir tanta maestría.
    Saludos cordiales

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  40. Hola Julio, estupendo escrito amigo mío! Tienes una facilidad increíble para atrapar con tus historias.
    un abrazo enorme.

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